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LA OFRENDA DEL SACRIFICIO DE ALABANZA
A) INTRODUCCIÓN.
"Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio
de
alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan Su nombre" (He
13:15).
Hay una diferencia clara entre alabar a Dios y ofrecerle
sacrificio de
alabanza. Para un hijo de Dios que está en buenas relaciones con
el Padre,
la alabanza es algo que usualmente fluye fácilmente. Tenemos
tantas
razones para alabar a Dios que cuando pensamos en El, debería
surgir un
fluir espontáneo de alabanza en nuestros corazones. Nuestra
oración implica
generalmente la acción de gracias también, y servimos a Dios con
alabanza
por todas las bendiciones y beneficios que ha traído sobre
nuestras vidas.
El "sacrificio y alabanza" es diferente en cierta forma.
Generalmente no
fluye fácil y espontáneamente. No es la alabanza que ofrecemos
porque todo
nos va bien, somos felices y bendecidos. El sacrificio de alabanza
es algo
que ofrecemos a Dios cuando no nos sentimos con deseos de alabarle.
Todo parece irnos mal. Nuestro mundo al parecer se está cayendo en
pedazos.
En esta circunstancias, alabamos a Dios, no por nuestras
circunstancias,
sino a pesar de ellas. Nuestra alabanza no asciende porque nos
sentimos muy
bien y queremos dar expresión a nuestros buenos sentimientos. En
tal
situación, comenzamos a alabar a Dios por fe. Le estamos alabando
en
obediencia por ser quien es y no particularmente por lo que ha
hecho. Esta
clase de alabanza no surge con facilidad. No es algo sencillo, más
a gran
precio. No obstante, produce un deleite especial en el corazón del
Padre.
Es por tal razón que El se complace tanto en el sacrificio de
alabanza.
1) Esta Es una Alabanza Continua. David aprendió su secreto por sí
mismo.
El manifestó en el Salmo 34:1: "Bendeciré a Jehová en todo tiempo;
Su
alabanza estará de continuo en mi boca".
No se trata de una alabanza espasmódica y errática.
No es la alabanza de cuando las cosas "van bien".
No es una alabanza fácil y barata (que no cuesta nada).
No es una alabanza sentimental.
No es superficial y vacía.
Es consistente. Se ofrece a Dios continuamente.
En los buenos tiempos y en los malos tiempos.
Cuando todo va bien y cuando nada parece ir correctamente.
En aquellas ocasione en que el "Señor da".
Y en aquellas ocasiones en que el Señor quita".
Para entonces nos esforzamos en decir: "Sea el nombre de Jehová
bendito"
(Job 1:21).
Es alabar a Dios cuando un hijo pequeño muere y no sabemos por qué.
Es alabar al Señor cuando hay enfermedad y el doctor dice que no
hay
esperanzas.
Es alabar a Dios cuando se pierde el trabajo.
Es alabar a Dios cuando se está a varias millas de cualquier parte,
sin
abrigo, y con el coche averiado.
Es especialmente cuando parece que el cielo es de bronce.
Dios parece estar a millas de distancia. Las oraciones no parecen
ser oídas
y mucho menos contestadas.
Cuando no se puede pensar en nada por lo que se desee alabar a
Dios, pero le
alaba a pesar de todo. Ese es el sacrificio de alabanza.
Es la alabanza que se ofrece a Dios cuando realmente cuesta
hacerlo. Los
sentimientos naturales se resisten a ello. Los amigos le desaniman.
El
corazón se siente cargado y sin esperanza de ninguna clase. El
diablo le
dice: "¿Qué razón tienes para alabar a Dios? No se puede esperar
que nadie
alabe a Dios en tales circunstancias. Por supuesto que Dios no
esperaría
tal cosa de su parte. Sería fanatismo".
No obstante, usted sabe en lo más profundo de su ser que Dios es
digno de
ser alabado. Está consciente de que aún está sentado sobre Su
trono.
Todavía es el Todopoderoso, el Dios de todo el universo.
No ha cambiado de ninguna manera. Es el mismo ayer, hoy y por
siempre.
¡Alabado sea Su maravilloso nombre!.
2) Es una Alabanza que se Puede Escuchar. Es el fruto de nuestros
labios
expresando palabras de adoración. Estos ayudan a verbalizar
nuestros
pensamientos.
Por lo tanto, el sacrificio de alabanza es algo que nosotros
decimos.
Algo que expresamos
Satanás puede escucharlo.
La gente puede oírlo.
Y más importante todavía, Dios puede oírlo.
Fue un sacrificio de alabanza lo que Pablo y Silas ofrecieron a
Dios a
medianoche, cuando estaban encadenados en la mazmorra más segura
de la
cárcel.
Les habían echado en prisión por hablar cerca de Jesús. No eran
criminales,
ni habían cometido ninguna clase de crimen serio. Estaban
esparciendo las
buenas nuevas del Reino de Dios, y por esa razón los pusieron en
prisión.
Les dieron muchos azotes. Sus espaldas estaban abiertas y
sangrantes.
Estaban destrozados. Sus heridas eran una lástima. Cada uno de los
nervios de su cuerpo se quejaba de horrible dolor. Les dolía cada
pulgada
de la espina dorsal. Sus manos y pies estaban encadenados al cep.
No
podían acomodarse para descansar, aunque lo intentaron.
Ya era medianoche, tiempo en que el espíritu humano está en su
estado más
decaído; cuando sus espíritus estarían en la depresión y
desesperación más
intensas. Es probable que nunca se hubieran sentido con menos
deseos de
alabar al Señor como en esa ocasión.
Pero a medianoche empezaron a cantar alabanzas a Dios. Abrieron
sus bocas y
entonaron cantos de alabanzas a Jesús. ¡Cuánto debe haber esto
agradado el
corazón del Maestro! Allí estaban dos siervos Suyos, sufriendo
ignominia,
dolor y desesperación por causa de Su nombre. Languideciendo en
prisión
porque habían hecho lo que el Señor les había dicho que hicieran.
¿Maldecirían a Dios? ¿Le negarían? ¿Acaso dirían: en qué estábamos
pensando para que nos dejaras caer en este lío?" ¿Le culparían
diciendo:
"no estaríamos en problemas sino fuera por Dios? ¡No! ¡Un millón
de veces
no! Por el contrario, comenzaron a cantarle alabanzas:
A medianoche
En la hora más obscura
Cuando todo parece tenebroso y desalentador.
Repentinamente, los cimientos de la prisión empezaron a temblar.
Su
cadenas se soltaron.
Me imagino que cuando el Señor les escuchó cantar alabanzas a la
medianoche,
se sintió tan emocionado que se les unió en sus aclamaciones de "Aleluya",
tal vez tan alto que los muros de la prisión comenzaron a temblar.
Aquellos hombres estaban ofreciendo sacrificio de alabanza. Loaban
a Dios
a pesar de toda adversidad. Estaban al límite de sus
circunstancias y
gritaban de todas formas: "¡Gloria a Dios!".
Hay santos de Dios por todo el mundo que todavía ofrecen esta
misma clase de
sacrificio. Desde celdas carcelarias en muchas partes de esta
tierra,
donde los santos de Dios sufren por el testimonio de Jesús, le
ofrecen
sacrificios de alabanza.
3) Esto Sólo Puede Hacerse a Través de Jesús. "Por tanto, a través
de él
ofrezcamos...". Solamente Jesús puede hacer posible esta clases de
ofrenda. Por esto Cristo es tan maravillosamente glorificado en
esta
situación. El Padre conoce muy bien que nadie puede ofrecer
alabanzas y
acción de gracias desde una situación tal, a menos que reciba
ayuda de
Consolador. Así que, Dios ve la grandeza de Su Hijo en esta
ofrenda. Es
la gracia de Su Hijo la que ha realizado el milagro. Ahí vemos a
una
persona que podría haber maldecido a Dios en esa circunstancia,
pero que
dado el triunfo de Su gracia divina en su vida, está
magnificándole y
expresándole las gracias. En otras palabras, es igual que si la
estuviera
diciendo: "Amado Dios, no puedo entender por qué sucede esto, pero
de toda
maneras te alabo. No puedo entender por qué tiene que pasarnos
esto a mí y
a mi familia. No puedo discernir la razón o adivinar el propósito,
pero a
pesar de todo, yo te alabo". Cada vez que se ofrece un sacrificio
de
alabanza, ¡Jesucristo es glorificado!
4) Es Dar Gracias a Su Nombre. Dios quiere llevarnos al lugar
donde podamos
sinceramente "dar gracias siempre por todas las cosas a Dios el
Padre".
Efesios 5:20. Observe que no se trata de dar gracia al Padre por
todas las
cosas. Eso no es demasiado difícil. Primero, Dios nos enseña a
darle
gracias en todas las cosas. Podemos hacer esto sólo cuando creemos
realmente
en Su soberanía. Cuando verdaderamente "...sabemos que todas las
cosas
ayudan para bien a aquellos que aman a Dios, a aquellos llamados
según Su
propósito" (Ro.8:28).
B) COMO OFRECER SACRIFICIO DE ALABANZA
1) Decidirse previamente a alabar a Dios en todo momento y en toda
situación.
2) Empezar a hacerlo ya. Alábale en todo y cada uno de los días.
Pase lo
que pase ese día, alabe a Dios en él, por él y a través de él.
Adquiera el
buen hábito de alabar a Dios continuamente.
3) Si surgen problemas en el camino. o se encuentra en
dificultades,
determínese a alabar al Señor, David dijo: "Me glorificaré en
quien me
ofrezca alabanza y le mostraré la salvación de Dios" (Sal 50:23).
Determínese alabar a Dios en cualquier situación a pesar de cuán
difícil sea
y Dios dispondrá una puerta de liberación para usted.
4) Empezar y Hacerlo por Fe. Pronuncie palabra de alabanza. Dé
gracias a
Dios de manera audible a través de la fe, aunque usted no pueda
comprender
por qué está dando gracias. Empiece a alabarle por haberle
provisto una
puerta de liberación. Todavía no puede ver ese camino. No sabe
cómo la
liberará, pero a pesar de todo, le da gracias y le alaba de igual
manera.
Usted ya se encuentra en el camino de la victoria.
5) Una vez que haya empezado, hay que continuar alabando. Haga que
sus
alabanzas asciendan más y más. Deje que el Espíritu de alabanza le
posea.
Dé aclamaciones de alabanzas a Dios. Cántele. Dance delante de El.
Glorifíquele y engrandezca Su nombre. El abrirá un camino de
salvación
para su vida.
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