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CURIOCIDADES Y ANECDOTAS
En la Pequeña Crónica de Ana Magdalena Bach hay una simpática
anécdota referente a las enormes dotes de improvisación y lectura
a primera vista de Johann Sebastian. El gran maestro había dado a
entender en muchas ocasiones que todo buen músico debe interpretar
a primera vista cualquier clase de música. Su colega de Weimar, el
organista municipal Sr. Walther, meditaba la forma de tenderle una
trampa, para después reirse los dos de la broma. Sebastián
almorzaba algunas veces en casa de Walther y, una de ellas,
mientras esperaban que les sirvieran la comida, Sebastian se
dirigió al clave, vio allí una partitura y, naturalmente, se puso
a descifrarla. Pero no había avanzado mucho cuando llegó a ciertas
notas que le hicieron tropezar y, muy sorprendido (pues no estaba
acostumbrado a tropezar ante ninguna música, por complicada que
fuese), repitió la pieza desde el principio y tuvo que detenerse
en el mismo punto. En alquel momento, el Sr. Walther, que había
estado escuchando tras la puerta entreabierta, no pudo contener la
risa. Sebastian se levantó de un salto y dijo, un poco avergonzado:
"Aún no ha nacido el hombre capaz de tocarlo todo a primera vista.
Este pasaje es imposible". En años posteriores contaba con
frecuencia esta anécdota, para animar a discípulos tímidos.
La extraordinaria obra de Manuel de Falla (que, por cierto pocos
saben que su segundo apellido era Matheu), El Sombrero de Tres
Picos, se estrenó el 22 de Julio de 1.919 en el Teatro Alhambra de
Londres, con un reparto excepcional: Ballets de Diaghilev,
coreografía de Massin, dirección de Ernst Ansermet y telón,
decorados y trajes de Picasso. Poco antes del estreno se reparó en
que la calidad del telón pintado por el genio malagueño merecía
una contemplación muy atenta. Para ello, D. Manuel escribió la
fanfarria inicial del ballet.
Durante la época de Weimar, Bach llegó a ser un maestro
insuperable del órgano. Inventó incluso una nueva forma de colocar
y mover la mano, mucho más cómoda. Su fama había llegado a Dresde.
Fue en esta ciudad donde se presentó en aquella época un famoso
músico francés, Jean Louis Marchand, hombre muy capaz pero a la
vez muy vanidoso, y anunció que estaba dispuesto a competir con
todos los músicos del país, sobre los que esperaba demostrar su
superioridad. Esta forma de actuar no despertaba el interés de
Johann Sebastian pero algunos músicos alemanes se sintieron
ofendidos por el presuntuoso desafío del francés y le agobiaron a
súplicas para que defendiese la música alemana y se midiese con él.
Vacilante y a disgustó se dejó convencer y acabó por aceptar el
reto de Marchand. El encuentro debía celebrarse en casa del conde
Flemming. Acudieron muchas damas y caballeros de la corte. Bach
entró tranquilo como siempre dispuesto a someterse a cualquier
prueba musical que le propusiera el francés. Pero aquel señor
extranjero se hacía esperar y no hubo más remedio que mandar, al
cabo de un rato, a un lacayo a su casa, para buscarlo. Pronto
regresó el criado con la noticia de que el monsieurse había
ausentado de Dresde aquella misma mañana en una silla de posta
especial. Se sospechó que había tenido ocasión de oir tocar a
Sebastian sin ser visto y reconocería en él a un hombre con el que
no podía competir, llegando a la conclusión de que lo más
conveniente para su fama ea no acudir al concurso.
Bach era un gran admirador de George Frederich Haendel. Pasaba
horas enteras copiando sus partituras. En Leipzig dirigió la
ejecución de la cantata de Haendel sobre la Pasión de Nuestro
Señor. Ambos habían nacido en Sajonia y en el mismo año. Johann
tenía la sensación de que fuera de la música existía un lazo entre
ellos e intentó en varias ocasiones encontrarse con Haendel,
aunque jamás fue posible. En cierta ocasión se desplazó desde
Cöethen hasta Halle pero llegó al anochecer, cuando Haendel ya
había partido. Lo mismo ocurrió un par de veces más. Haendel era
un músico suficientemente grande para reconocer la importancia de
las obras de Sebastian, aunque la fama de éste quedaba limitada a
Alemania, mientras que su nombre sonaba hasta en Italia e
Inglaterra. Pero es que Haendel buscaba al público, viajaba mucho
y ganó gran cantidad de dinero, mientras que Sebastian huía del
ruido y del mundo y se dedicaba al trabajo tranquilo y silencioso
en el seno de la familia.
La generosidad de Johann Sebastian Bach para con los otros músicos
era sobradamente conocida. En cierta ocasión, estando en Erfurt,
oyó hablar mal de J.L. Marchand, y contuvo las críticas con estas
palabras: "Os voy a enseñar lo hermosas que son sus suites para
clave, que tanto despreciáis". Se sentó al clavicordio y supo
elegirlas y tocarlas con tanta delicadeza, que parecieron muy
superiores a lo que realmente eran.
El "Concierto para Orquesta", obra compuesta por Bela Bartok en
1.944 y estrenada en diciembre de ese mismo año se ha estado
ejecutando y grabando erróneamente durante casi cuarenta años.
Concretamente, el error estaba en la velocidad del segundo tiempo
"Giuocco delle coppie".
En 1.981, durante los ensayos para la grabación de esta obra y de
la Suite de Danzas del mismo compositor (DECCA 9-40002), el
recientemente fallecido Sir Georg Solti, ya había observado que el
tempo indicado en la partitura, negra=74 era excesivamente lento
pero él siempre ha sido muy escrupuloso en cuanto los tempi, sobre
todo de B. Bartok, al que conoció muy directamente.
Durante una pausa en los ensayos el intrumentista que tocaba el
tambor se acercó al director y le dijo: "Maestro, mi parte indica
94 la negra". "¿Cómo, debe ser un error. Ninguna otra partitura
indica esa velocidad". La única forma de comprobarlo era consultar
el original. Solti logró una copia del manuscrito, por cortesía de
la Library Of Congress de Washington. Con sorpresa pudo ver que no
sólo viene la indicación de negra = 94 sino que se trata de un
Allegro Scherzando en lugar del Allegretto Scherzando que figura
en la partitura editada(Como aclaración diremos que todos los
términos italianos que indican la velocidad de ejecución
terminados en 'etto' son más lentos que sus correspondientes sin
esta terminación). Además, Bartok había escrito en la cabecera "Presentando
le coppie" (Presentando los pares de instrumentos) y no Guiocco
delle copie (El juego de las parejas". Estas 20 pulsaciones por
minuto de más cambian totalmente el caracter de la obra.
A pesar de las importantes transformaciones sufridas por el gusto
musical en el tránsito del siglo XVIII al XIX, aún existían en
Alemania compositores, pedagogos y teóricos que veneraban a los "clásicos".
Uno de estos personajes era Carl Friedrich Zelter (1758-1832),
amigo personal de Goethe y, aunque de inspiración musical pobre,
con grandes cualidades como pedagogo. Fue maestro del joven Felix
Mendelssohn-Bartholdy y le dio a conocer fragmentos de la obra de
Bach. Zelter tenía en su biblioteca una copia de la Pasión según
San Mateo, que probablemente fue mostrada a Mendelssohn a muy
temprana edad porque en 1.823, su abuela hizo sacar una copia
íntegra de la partitura y se la regaló a su nieto, que enconteces
tenía catorce años.
Felix estudió cuidadosamente la partitura y la releyó en los años
siguientes. Primero con curiosidad y luego con admiración hacia
esta obra fundamental, considerada hoy día como una de las más
grandiosas obras de arte (de "todas las artes") creada por el ser
humano.
En algún momento Mendelssohn cayó en la cuenta de que faltaba poco
tiempo para una efemérides importante: el centenario del estreno
de "La Pasión". Habló de ello con Zelter. Este le dijo: "¿Podía
Bach gustar todavía en 1.820?. Para Mendelssohn la pregunta era
distinta: ¿ Podría gustar Bach ya en 1.820?
El 11 de marzo de 1.829, en Berlín, el propio Mendelssohn dirigió
el magno acontecimiento. El resultado fue óptimo y la obra se
interpretó dos veces más, el 21 de marzo y el 17 de abril de
1.829, esta tercera vez bajo la batuta de Zelter.
Esto fue el detonante de un abrumador interés por la obra de Bach.
Cualquier estudiante de piano conocerá sobradamente el Pequeño
libro para órgano de J.S. Bach, pero pocos sabrán que su título
completo, que Bach escribió en sus tapas de cuero, era: "Librito
para órgano, que servirá de guía los principiantes para las
diversas maneras de ejecutar un coral y les dará la posibilidad de
especializarse en el manejo del pedal, pues en algunos de los
corales que en él se encuentran, el uso del pedal es obligado.
Para honrar a Dios y enseñar al prójimo."
También "El Clave bien Temperado" tiene un título poco común: "El
Clave bien Templado, o Preludios y fugas en todos los tonos y
semitonos, tanto con la tercera mayor o DO, RE, MI como con la
tercera menor o RE, MI, FA. Para uso y provecho de músicos jóvenes
deseosos de aprender, así como para entendimiento de aquellos que
ya son expertos en el arte."
Según nos cuenta Ana Magadalena en su "Pequeña Crónica" Sebastian
tenia unas manos verdaderamente notables. Grandes, muy anchas y de
un alcance extraordinario. Podía pulsar una tecla con el pulgar,
otra con el meñique y al mismo tiempo tocar cualquier cosa con los
otros dedos. Ejecutaba trinos con la mayor naturalidad con
cualquiera de los dedos de ambas manos y, simultáneamente, tocar
los más complicados contrapuntos.
Muzzio Clementi fue uno de los más famosos maestros de su tiempo.
Field, Cramer, fueron discícupos suyos. Beethoven lo tuvo en gran
estima como compositor de sonatas para piano. Incluso prescribía
sus obras a su sobrino para la práctica diaria. En cambio, Mozart
despreciaba como ejecutante y compositor a Clementi. Fue un
pianista prodigio en Inglaterra, donde llegó con 14 años. Próximo
a los 60 años abandonó la actuación pública y se dedico a la
fabricación de pianos, también con gran éxito.
Nadie duda de que Lucciano Pavarotti es uno de los grandes tenores
del siglo XX pero pocos conocían hasta hace poco tiempo (1.997)
que !no sabe música!. Así como suena. Es incapaz de leer una
partitura. "Ya soy demasiado viejo para aprender...", dijo en una
entrevista, con su inseparable pañuelo blanco. Y cómo lo hace,
preguntaréis. Pues tiene establecido un sistema de símbolos y
líneas de colores ascendentes y descendentes que indican la
evolución de la melodía, que le sirve como recordatorio a la hora
de interpretar. Algo así como la notación pneumática del
gregoriano.
Isaac Albéniz fue uno de los más grandes niños prodigio españoles.
Su padre, Angel Albéniz, quería hacer de él un virtuoso, como lo
habían sido Pagannini o Sarasate. Con solo 7 años, en 1.867 se
traslada con su hermana Clementina y su madre a París. Su madre
busca influencias y logra que un prestigioso profesor, Marmontel,
le de lecciones y le prepare para su ingreso en el Conservatorio.
Marmontel había sido profesor de Geroge Bizet y pronto lo sería de
Claude Debussy. Isaac trabaja intensamente. El profesor ve en él
unas virtudes de posible gran músico. Los ejercicios para el
ingreso en el Conservatorio se celebran a primeros de octubre.
Nuestro músico los realiza brillantemente. De pronto, tras muchos
días de esfuerzo y tensión, se enciende en el un irreprimible afán
de desquite. Se siente poseído de una alegría impetuosa que
siempre le acompañará en su vida. Saca del bolsillo una pelota y
la lanza contra un cristal de la sala. Risas, voces, un gran
alboroto. Pero también indignación del tribunal. La travesura le
cuesta a Albéniz su ingreso en el Conservatorio. Los profesores
acuerdan aplazar la admisión por dos años. De vuelta a España. !Cosas
de niños!
La hermana de I. Albéniz, Clementina, lo sentaba junto a ella en
la banqueta del piano. el niño apenas sabía andar y primero
golpeaba las teclas por diversión. Pero al cabo de unas cuantas
veces se sorprendió al observar cómo Isaac arrancaba del piano
acordes maravillosos. Sus progresos fueron tan extraordinarios que
con cuatro años daba un concierto en el Teatro Romea. Los
espectadores quedaron tan sorprendidos que no faltó quién se
desplazara detrás del escenario para ver quién tocaba realmente el
piano !
Es muy conocido el carácter aventurero de Albéniz. Con tan sólo 8
años dio recitales en Avila, Salamanca y Zamora, obteniendo
grandes éxitos y algunos ahorros. Penso que este dinero haría que
pudiese volver a casa sin que su padre lo castigara y decidió
regresar a Madrid. Pero en el camino, la diligencia donde viajaba
fue asaltada por unos bandoleros que le robaron todo su dinero. No
quiso presentarse en casa con las manos vacías y prosiguió su
aventura en Valladolid, Palencia, Galicia, Logroño, Zaragoza,
Barcelona y Valencia.
Albéniz cosecho grandes éxitos, con sólo 13 años, en América
Latina. Pero no le fue tan bien en Nueva York. Ningún empresario
se atrevía a contratarlo y volvió a la miseria. Incluso se
albergaba en dormitorios públicos. El único dinero que ganaba lo
obtenía llevando el equipaje de los viajeros de algún vapor
español que llegaba al puerto En las tabernas del puerto tenían a
veces piano y le dejaban tocar a cambio de una cerveza o una taza
de café. Un día se le ocurrió, valiéndose de su privilegiada
habilidad con el piano, ponerse de espaldas a él y tocar con el
dorso de los dedos. Este truco propio de un payaso de circo le
proporcionó algunos conciertos (mejor dicho "exhibiciones") en
cabarets y music-halls con los que obtuvo unos cuantos dólares
para poder viajar a Inglaterra.
W.A. Mozart es el niño prodigio musical por excelencia. Nació el
27 de enero de 1.756 en Salzburgo. Fue bautizado con el nombre de
Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus (este último nombre es
sinónimo de Amadeus). Con trece años, durante un viaje a Nápoles
con su padre, pararon en Roma y allí escuchó el Miserere de
Allegri en la Capilla Sixtina. Esta obra sólo podía ser ejecutada
allí y estaba prohibido copiarla o reproducirla bajo pena de
excomunión. Mozart fue capaz de transcribirla de memoria en una
sola audición, un auténtico prodigio, escribiendola después al
llegar a sus alojamientos. Esto nos da una idea de su
procedimiento de composición. Se ha dicho que era capaz de
escribir música en medio de una partida de bolos o de billar. Pero
en realidad sólo estaba pasando al papel lo que ya estaba
perfectamente terminado y organizado en su cabeza. Sus manuscritos
son tan limpios que nadie podría imaginarse que son la primera y
una copia de la obra. Qué diferencia con los originales de
Beethoven, llenos de borrones e incluso de trozos de papel
cortados y vueltos a pegar con las notas correctas. Los que
podríamos considerar como los tres grandes genios de toda la
historia de la música, Bach, Mozart y Beethoven fueron tres
personalidades totalmente distintas pero, para el oyente,
complementarias y se podría decir que necesarias. Podemos estar
durante horas escuchando el prodigioso dominio del contrapunto
Bachiano y sus incesantemente modulantes melodías pero en algún
momento necesitamos pasar a la sencillez (?) y frescura de Mozart,
de la cual también nos "cansamos" en favor de la fuerza
arrolladora del temperamento dramático de Beethoven.
El primer Editor Musical, o sea, quién primero editó una partitura
de música, fue Octavius Petroucci, en 1501
Durante los siglos XIV y XV la música había alcanzado un
complejidad polífonica enorme. El Concilio de Trento insiste en
que la complicación contrapuntística del estilo flamenco apenas
deja entender a los oyentes el texto de los que se cantaba,
centrada como estaba toda la atención del compositor en resolver
los problemas técnicos. Como reacción, sólo se admitirá aquella
música religiosa que sirva, más que para halagar los sentidos,
para realizar el significado devoto de los textos que se canten, y
que las palabras sean claramente percibidas. Esto lo lleva a cabo
Palestrina (1525-1594), maestro de capilla de San Pedro de Roma.
Su reforma consiste en sustituir los alardes de complicación que
había alcanzado la polifonía en manos de la escuela flamenca por
una construcción sobria y de contrapunto sencillo, con voces
melódicas de gran elegancia que canten los textos nítidamente.
Este compositor es el más representativo del Renacimiento Musical.
Todos los grandes adelantos musicales se han producido siempre en
la música profrana, al no pesar sobre ella ninguna prohibición. Al
final, la música religiosa siempre acaba copiando estas
innovaciones (cromatismos, etc.)
En la actualidad los grandes compositores del pasado (Mozart,
Bach, Haydn, Beethoven) nos parecen genios inigualables, artistas
sublimes, nuestros ídolos. Pero esto no siempre ha sido así. En el
siglo XVIII el concepto de artista como ahora lo entendemos no
existía. El músico era como un sirviente más. La aristocracia se
consideraba con un nivel muy superior al del artista. Además, la
música se consumía en el sentido estricto de la palabra. Una vez
escuchada una obra ya no tenía interés volver a oirla. Se requería
otra nueva. También ocurría esto en el siglo XVII, afortunadamente
para nosotros, ya que esta fue la causa por la que BACH compuso
cerca de 300 cantatas en menos de seis años, una para cada domingo
de cada año. (Desgraciadamente, a causa de un comportamiento no
muy correcto de su hijo Carl Philipp tras la muerte de su padre,
sólo se conservan apenas 200)
Uno de los grandes ídolos de J.S.Bach era el famoso organista de
Lübeck, Dietrich Buxtehude. Siendo Bach organista de la "Iglesia
Nueva" de Arnstadt, pidió cuatro semanas de permiso, dejando a su
primo Johann Ernst como sustituto, para viajar a Lübeck y asistir
a los famosos Abendmusiken (conciertos vespertinos) organizados
por Buxtehude. El viaje, hacia el norte, era de 400 kilómetros.
Según cuentan las crónicas de la época, el camino fue recorrido a
pie, pero esto es muy improbable ya que el tiempo de que disponía
Bach no hubiera sido suficiente. Las expectativas del maestro
fueron sobradamente satisfechas. Los 40 músicos que componían la
orquesta estaban dispuestos en cuatro plataformas especialmente
diseñadas para tal acontecimiento. Pudo escuchar maravillosas
obras, como el estreno del Castrum doloris, de Buxtehude, escrito
en memoria del difunto emperador Leopoldo I. Fueron días gloriosos,
llenos de estimulantes descubrimientos.
Los conocimientos de Bach sobre el órgano no se limitaban a la
ejecución sino que era un gran conocedor de los más mínimos
detalles referentes a la construcción de tan importante
instrumento. Era requerido habitualmente para probar órganos en
las iglesias. Lo primero que hacía era sacar todos los registros y
tocarlo con todos sus acoplamientos. "Me gusta saber si tiene
buenos pulmones..", decía bromeando. Luego escogía un tema y lo
trataba en todas las formas de la composición, aunque para ello
tuviera que estar durante más de dos horas tocando sin
interrupción.
Forkel, basándose en testimonios de Carl Philippe Emanuel, nos
cuenta: "Bach comenzaba por ensañar a sus discípulos el método de
pulsar el intrumento. con este objeto les hacía tocar durante
largo tiempo ejercicios simples para todos los dedos de las dos
manos, pidiéndoles una atención constante a la claridad y limpieza
de la pulsación. Todos los alumnos sin excepción debían practicar
estos estudios, que no debían interrumpirse antes de seis meses o
un año. Solamente en los casos en que veía que uno de sus
discípulos se impacientaba, llevaba su bondad hasta el punto de
escribirle pequeños trozos en los cuales se encontraban como
engarzadaos los ejercicios necesarios. Así nacieron los Seis
pequeños preludios para los principiantes y las Quince invenciones
a dos voces."
En 1738 Lorenz C. Mizler, antiguo miembro del Collegium Musicum de
Bach fundó la Societät der musikalischen Wissenschaften (Sociedad
de las ciencias musicales). Al principio J. Sebastian fue reacio a
formar parte de esta sociedad, pero su actitud cambió cuando
Häendel ingresó en 1745 y se convirtió en el socio número once.
Aun así Bach esperó dos años y se decidió a ingresar en junio de
1747. Para su ingreso presentó como prueba de su saber un
complicado triple canon en seis partes y su retrato pintado por EG
Haussmann, donde aparece con el canon en la mano. Esta demora en
adherirse a la sociedad es muy probable que se debiera a su
afición por los ludus ingenii (juegos de ingenio), que era también
compartida por el fundador de la sociedad. Era una práctica común
en la época sustituir por números las letras del alfabeto y
expresar un nombre por un múmero. La palabra BACH corresponde al
número 14, ya que B es la segunda (2), A la primera (1), C la
tercera (3) y H la octava (8), lo que suma 14. Por lo tanto demoró
su entrada en la sociedad hasta que su número de socio fuera el
14.
Las "Variaciones Golberg", Aria con 30 variaciones canónicas BWV
988, fue un encargo del Conde Kyeserlingk, gran admirador de BACH
y que vivía en Dresde como embajador de Rusia ante la corte
electoral de Sajonia. El alumno de Bach, Joahnn Theophilus
Goldberg, joven y brillante clavecinista, sería encargado de su
interpretación. Tenía que tocar esta obra una y otra vez para el
Conde, que sufría insomnio.
He aquí una anécdota sobre J.S. Bach poco conocida. Cuando
escribió el Concierto para dos clavicémbalos y cuerda en Do menor
BWV 1062 se encontró con que la partitura no llenaba por completo
las hojas de su manuscrito. Al pie de cada página quedaban vacías
tres líneas. Nuestro ahorrativo maestro pensó que una sonata para
flauta y clave vendría de perlas para rellenar este espacio. Es la
Sonata para flauta en La mayor BWV 1032. Por desgracia, los pies
de las páginas 9 a la 14 fueron arrancados durante la II Guerra
Mundial, habiéndose perdido irremediablemente cerca de 50 compases
del primer movimiento.
Los Seis Conciertos de Brandemburgo fueron dedicados en la
primavera de 1721 a Christian Ludwig Margrave de Bandemburgo. No
son conciertos para solistas sino ejemplos de formas más antiguas
de música concertante. El nº 5, escrito para flauta, violín y
clave, está dominado por el teclado. Incluso hay una cadencia sin
acompañamiento de 65 compases ejecutada por el clave y escrita por
el propio Bach, en contra de la práctica habitual, que era
escribir varios acordes para que el ejecutante improvisara sobre
ellos. Puede considerarse como el primer concierto original para
teclado que se haya escrito. Otra curiosidad. En el 6º concierto
no hay violines. Su papel está desempeñado por las violas.
En 1.926 Igor Stravinsky escucha a su hijo de 10 años, Soulima,
una pieza para piano de R. Schumann. Cuando termina la
interpretación le dice: "tu profesor no sabe nada de Schumann. El
debería enseñarte a tocar mis piezas. Yo te enseñaré a tocar a
Schumann....". Esta anécdota continúa cuando compone duetos para
piano para poder tocar con su hijo.
La grandiosidad de las obras de Stravinsky compuestas en los
primeros años del siglo XX (El pájaro de fuego, La Consagración...)
contrasta con la simplicidad y la formulación casi matemática de
las notas en la década de los 50. Las composiciones sonaban
desnudas, trepidantes y tan extrañas que parecían mal
interpretadas. El compositor canadiense Harry Somers dice: " ...
es música para la gente que prefiere el vino seco y el Whiskey
solo..."
El entorno de trabajo de Stravinsky nos da idea de su genio.
Trabajaba de nueve a doce todos los días de la semana. Su estudio
estaba organizado rigurosamente: pianos, un escritorio con
retratos de familia de de N. Rimsky-Korsakov, una mesa de trabajo
con montones de papeles, plumas, tinteros, gomas de borrar,
tijeras, un cronómetro, pegamento... y un diván para la siesta de
la tarde. Es bien conocida su naturaleza hipocondríaca. No podía
dormir sin una luz encendida fuera de su dormitorio ni trabajar si
pensaba que alguien le estaba oyendo tocar. Se ponía tan nervioso
al actuar en público que una vez se olvidó de las notas de su
propia composición.
Iba al médico en cada ciudad que visitaba y tomaba incesantemente
pastillas qu él mismo se recetaba. En 1.934, poco después de que
su hijo mayor, Theodore, tuviera que ser operado de apendicitis,
Stravinsky se hizo extirpar su propio apéndice sano "como
precaución". Y a continuación ordenó que hicieran lo mismo a sus
otros tres hijos.
En 1.966, Leonard Bernstein, después de dirigir espectacularmente
La Consagración..., se acercó apresuradamente a Stravinsky y se
arrodilló ante él, a modo de dramático homenaje. El maestro
reaccionó diciendo bruscamente: Lenny, todos tus tiempos
estuvieron mal."
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