Un Dios de poder que sana el alma y el cuerpo

Por Fernando Alexis Jiménez El que Lucía hubiera sido abusada en su niñez, por un tío que vivía en casa, no solo la marcó para siempre sino que ahora, con veintisiete años, estaba sometida a constantes cuadros depresivos que le hacían ver el panorama ensombrecido. Cuando clamamos, creemos y esperamos en Dios, los milagros simplemente ocurren… –No quiero vivir–, repetía …

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