Un tiempo para hacer nada – Solamente confiar

Por años los israelitas habían deseado ser gobernados por un rey humano. Y finalmente, Dios lo permitió. Él dijo al profeta Samuel que ungiera a Saúl para ser gobernante sobre Israel. Así que el profeta se reunió con Saúl, vertió una redoma de aceite sobre su cabeza y lo besó. Después dijo a Saúl: ”Te ha ungido Jehová por príncipe sobre su pueblo Israel.” (1 Samuel 10:1).

A ningún ser humano se le podría haber dado un mejor cumplido. Samuel estaba diciendo, en esencia: ”El Señor está contigo, Saúl. Eres un vaso escogido, alzado por la mano de Dios. Además, Dios inmediatamente bendijo a Saúl con un corazón para cumplir su llamado: “Le mudó Dios su corazón… y el Espíritu de Dios vino sobre él (Saúl) con poder, y profetizó.” (versículos 9-10).

Ahora, Saúl no fue jactancioso. El no ostentó su unción o posición. De hecho, la Biblia dice que él se miró pequeño a sí mismo (véase 15:17). Vemos un ejemplo de la discreción de Saúl cuando él volvió a su hogar de su encuentro con Samuel. Su tío lo detuvo, curioso acerca de lo que había sucedido. Su tío sabía que Samuel tenía una reputación de hablar sólo con un poderoso propósito en mente. Así que rogó a su sobrino: ”Por favor, dime, Saúl – ¿Qué te dijo Samuel?”

Pero, la Escritura dice: ”Mas del asunto del reino, de que Samuel le había hablado, (Saúl) no le descubrió nada.” (10:16). Saúl estaba en medio de increíbles noticias -sin embargo, no dijo una sola palabra. Yo le pregunto – ¿cuántas personas conoce usted que podrían guardar tal cosa para ellos mismos?

Poco después, Samuel congregó a la nación en Mizpa. El profeta tenía dos propósitos en mente: primero él quería castigar al pueblo por abandonar al Señor y desear un rey humano. Después él quería presentarles a Saúl como el gobernante escogido por Dios. Sin embargo, cuando vino el momento para que Saúl fuera presentado, no le pudieron encontrar. Samuel envió una delegación para encontrarle – y finalmente encontraron a Saúl escondido entre el bagaje.

Cuando Saúl fue traído delante de la multitud, él era todo lo que ellos podrían haber deseado en un rey. Era alto y hermoso: ”desde los hombros arriba era más alto que todo el pueblo.” (10:23). Samuel dijo de él: ”No hay semejante a él en todo el pueblo.” (versículo 24). E Israel gritó su aprobación: “¡Viva el rey! “ (mismo versículo).

En sus dos primeros años como rey, Saúl probó ser un líder fuerte y santo. Cuando él escuchó que los amonitas habían invadido Jabes de Galaad: ”el Espíritu de Dios vino sobre él con poder.” (11:6). Saúl rápidamente reclutó una milicia de 330,000 hombres – y el disparejo y mal equipado ejercito venció a los amonitas. Después, Saúl dio toda la gloria a Dios (véase versículo 15). Y pronto el santo rey llevó a Israel a la conquista de cada nación que los habían saqueado – Moab, Amon, Edom, Amalek, aun los poderosos filisteos (véase 14:47-48).

¿Quién no querría tal hombre para ser su rey? Saúl era humilde, valiente, impresionante en apariencia, favorecido por Dios, moviéndose poderosamente en el Espíritu, atento a la dirección de un santo profeta. Saúl era un modelo de un líder piadoso.

Sin embargo, increíblemente, este mismo hombre ungido moriría en total rebelión. Poco después de sus sorprendentes victorias, Saúl perdió su unción y fue despojado de su reino. Él fue abandonado por Dios, ya no siendo capaz de escuchar la voz del Espíritu, y eventualmente poseído por un espíritu malvado. Terminó matando inocentes. Él ordenó la muerte de los sacerdotes escogidos por Dios. Y en la víspera de su muerte, buscó la dirección de una bruja. El rey que una vez había guiado a Israel al triunfo sobre sus enemigos acabó sus días como un loco enfurecido.

¡Qué triste fin para un siervo de Dios, que fue una vez ungido por el Señor! ¿Qué le ocurrió a Saúl? ¿Qué envió a este humilde hombre por un espiral descendente hacia la locura y la destrucción? ¿Hubo algún evento decisivo en la vida de Saúl en el que él comenzó a desintegrarse?


El momento decisivo ocurrió en 1 Samuel 13.


Saúl enfrentó un momento decisivo que cada creyente confrontará eventualmente. Es un tiempo crucial de crisis, cuando somos forzados a decidir si esperaremos a Dios en fe o nos pondremos impacientes y tomaremos el asunto en nuestras propias manos.

El momento decisivo de Saúl vino cuando las amenazadoras nubes de guerra estaban reuniéndose sobre Israel. Los filisteos habían juntado un ejército enorme de 6,000 jinetes; 30,000 carros, y legiones de soldados empuñando las mejores armas. Su número completo parecía a Israel ”como la arena que esta a la orilla del mar” (1 Samuel 13:5). Por otro lado, los Israelitas tenían solamente dos espadas en su ejército – una para Saúl y una para su hijo, Jonatán. Todos los demás tenían armas provisionales, como lanzas de madera o toscas herramientas agrícolas.

Ahora, cuando los israelitas vieron a los poderosos filisteos aproximándose, entraron en pánico. ”Se escondieron en cuevas, en fosos, en peñascos, en rocas y en cisternas.” (13:6). Algunos huyeron a escondidas a través de las fronteras a otras naciones, para evitar ser reclutados para el ejército de Saúl. Otros desertaron en abierta cobardía. De un momento a otro el ejército de 330,000 que había derrotado a Amón habían disminuido a 600. Y aún aquellos que permanecieron temblaron de miedo (véase 13:7). La situación de Israel parecía sin esperanza.

Una semana antes, Samuel había advertido a Saúl que esperase por él en Gilgal antes de ir a la batalla. El profeta había dicho que llegaría pasados siete días para hacer los sacrificios apropiados al Señor. No se nos dice el significado de ese período de siete días; tal vez Samuel sabia que él estaría viniendo de un lugar lejano donde su presencia era necesitada. Sin embargo, es más probable que la intención de la espera de esta semana era probar la fe de Saúl.

Tal vez se pregunte: “¿Sólo se esperaba de Saúl que se sentara allí y esperara, sin hacer nada?” Sí –eso es exactamente lo que se suponía que hiciera: esperar y orar. De hecho, esto estaba sobreentendido cuando Samuel presentó a Saúl como rey por primera vez. El profeta dijo a Israel: “Si temieres a Jehová y le sirviereis, y oyeres su voz, y no fuereis rebeldes a la palabra de Jehová, y si tanto vosotros como el rey… servís a Jehová vuestro Dios, haréis bien. Mas si no oyeres la voz de Jehová, y si fuereis rebeldes a la voz de Jehová, la mano de Jehová estará contra vosotros”. (12:14-15).

Samuel explicó: ”El Señor quiere recibir toda la gloria por lo que hace a través de nuestro rey. Él quiere que el mundo sepa que la victoria no viene a través de estrategias, armas o números-más por sacrificio a Dios a través de oración creyente y confianza en él.”

Así que, ¿qué hizo Saúl? ¿Se paró firme declarando: “No importa si le toma a Samuel ocho días para llegar. Voy a pararme sobra la palabra de Dios para mí. Muera o viva, ¿obedeceré su mandamiento.”? No – Saúl entró en pánico. Él se permitió ser abrumado por las circunstancias. Y terminó manipulando la palabra de Dios a su manera. Él ordenó al sacerdote que estaba presente hacer los sacrificios sin Samuel.

Cuando Samuel finalmente llegó, estaba consternado. Olió la carne quemada viniendo del altar del sacrificio. Así que preguntó a Saúl: “¿Qué has hecho?” (13:11). La pregunta del profeta indica que Saúl no tenía idea de la magnitud de su pecado. Samuel estaba preguntando: ”¿Te das cuenta de lo que has hecho? Yo te di un mandamiento simple y claro. No tenías que hacer nada hasta que yo llegara. No estabas en peligro, pero tomaste el problema en tus propias manos. Actuaste en temor, no en fe. Has cometido un grave pecado contra el Señor."

Esta fue la explicación de Saúl: ”Vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas.” (13:11). Note la acusación en las palabras de Saúl: “Tu no viniste a tiempo Samuel.” Él le estaba hablando al profeta, pero su acusación estaba apuntando realmente hacia Dios. Saúl estaba diciendo: ”Yo tenía que hacer algo – todos estaban desertando. Seguramente el Señor no esperaba que yo soportara más.”

No – Dios nunca llega demasiado tarde. En todo momento el Señor conocía cada paso que Samuel daba hacia Gilgal. Él había puesto al profeta en su sistema de navegación celestial, programando su llegada aun en los segundos. Samuel estaría allá al séptimo día, aun si fuera el último minuto antes de la medianoche. Sabemos que Dios no engañó a Saúl en este asunto, de esta manera sabemos que Samuel estuvo a tiempo.

A primera vista, la reacción de Dios para con la desobediencia de Saúl parece dura. Samuel dijo: "Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que le te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto que no has guardado lo que Jehová te mandó.” (versículos 13-14).

Usted puede preguntarse: ”¿Por qué Dios no le dio a Saúl una oportunidad? Este hombre estaba en una situación imposible. Además, todo lo que él quería era ganar una victoria para el Señor. ¿Por qué la obediencia de Saúl era tan importante aquí?” Dios quería que todas las fuerzas de infierno supieran que la batalla es del Señor – y que es ganada por gente escogida de fe que confían y esperan en él.


¿Qué nos enseña esto hoy?


Dios no ha cambiado a través de las edades. Y él todavía está preocupado por saber si su pueblo obedecerá este mandamiento: "Oíd la voz de Jehová, y no seáis rebeldes a la voz de Jehová.” (1 Samuel 12:15). No importa sí tu vida esta saliéndose fuera de control – debemos tener total confianza en el Señor. Aun si las cosas parecen no tener esperanza, no debemos actuar en temor. En cambio, debemos esperar pacientemente en él para librarnos, como promete su palabra.

El hecho es, Dios estaba al lado de Saúl cuando el imponente ejército filisteo presionaba. Dios vio esos carros retumbando, y vio las cortantes armas resplandeciendo. Él conocía la crisis en que Saúl estaba con sus soldados dispersándose. Y su ojo vio cada detalle.

De la misma manera, nuestro Dios ve cada detalle de tu crisis. Él ve todos los problemas de la vida presionando sobre ti. Y está totalmente consciente de que tu situación empeora cada día. Aquellos que oran y esperan en él con una fe tranquila nunca están en verdadero peligro. Más aún, él conoce todos sus pensamientos de miedo: “No se como podré pagar esta deuda… No tengo ninguna esperanza para mi matrimonio… No se como podré mantener mi empleo.” Sin embargo, su mandamiento para usted aun es verdadero: "No entres en pánico o te me adelantes. No debes hacer nada, sólo orar – y apoyarte en mí. Yo honro a todos los que ponen su confianza en mí.”

Considere estas palabras que Dios ha dado a su iglesia: "Sin fe es imposible agradar a Dios.” (Hebreos 11:6). “Esperad en él en todo tiempo oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio.” (Salmo 62:8). “Los que teméis a Jehová, confiad en Jehová; él es vuestra ayuda y vuestro escudo.“ (Salmo 115:11). ”Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus veredas.” (Proverbios 3:5-6).

El Señor es muy paciente para con nosotros. Él en realidad nos invita a: ”Presentad vuestras pruebas”. (Isaías 41:21). Él sabe que nuestros antecesores experimentaron periodos de duda, desde Abraham hasta los santos del Nuevo Testamento. Algunas veces ellos quisieron morir, gritando: ”Ya no puedo más con esto.” Aún Jesús tuvo un momento de duda, preguntando: ”¿Por qué me has desamparado?”

Nuestro Señor siente cada golpe de dolor, temor y pánico que nos golpea. Podemos recibir algunas noticias repentinas terribles – un ser querido ha muerto, un hijo o hija está divorciándose, o nuestro compañero ha tenido un romance. En tales momentos, Dios envía al Espíritu Santo para traernos consuelo, aliviar nuestro dolor y calmar nuestros corazones.

Sin embargo, Saúl permaneció en temor y pánico los siete días. Y todo el tiempo, el Espíritu Santo estaba advirtiéndole que tomara una decisión: "Sí, Saúl, la situación parece sin esperanza. Pero los amonitas eran más que tú, y Dios te libró entonces. Así que, ¿qué harás hoy? ¿Obedecerás la palabra de Dios, sin importar lo que te ocurra a ti y al reino? ¿Dirás con Job: ”He aquí, aunque él me matare, en él esperare?”

Sabemos que Dios conoce el corazón de cada persona. Y el Señor sabía que la decisión que Saúl estaba tomando determinaría el curso de su vida de ese punto en adelante. Después de todo, él tendría que enfrentar muchas más crisis. Obtenemos un poco de luz en la decisión de Saúl, en sus palabras para Samuel: "Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto.” (1Samuel 13:12). La palabra raíz de “esforcé” aquí significa “contenerse a uno mismo”. Saúl estaba diciendo: "Traté de ser obediente. Me contuve a mí mismo tanto como me fue posible de desobedecer. Pero al final tuve que actuar por mi propia cuenta”.

Como resultado, Dios dejó a Saúl y anuló su nombramiento como rey. ¿Por qué? El Señor sabía que desde ese día en adelante, Saúl le ofrecería una fe muerta. Él sabía que Saúl no soportaría otra prueba de obediencia. En cambio él acabaría maquinando y manipulando.

La incredulidad es mortal, sus consecuencias son trágicas. Y experimentaremos horrendas consecuencias si tratamos de librarnos nosotros mismos de nuestros problemas en vez de confiar en Dios para salvarnos de ellos. Esto está claro de la vida de Saúl. Desde que Saúl hizo esa decisión de tomar el asunto en sus propias manos, su vida fue cuesta abajo rápidamente, su incredulidad abrió una puerta a toda clase de maldad en su corazón.

De hecho, la vida de Saúl ilustra los pasos hacia la ruina causada por la incredulidad:


1. Saúl se convirtió en un legalista
de la peor clase.


Después que Saúl pecó, su alma se volvió rígida y legalista. Ese espíritu legalista casi causa la muerte de su amado hijo Jonatán.

Jonatán y su paje de armas habían decidido montar un ataque a escondidas a la guarnición filistea. La emboscada causó tal confusión en el campo filisteo que empezaron a pelear entre ellos matándose a sí mismos. El trastorno fue tal que “la tierra tembló; hubo, pues, gran consternación.” (1 Samuel 14:15).

Cuando Saúl vio a los filisteos huyendo, él lanzo un ataque total. Él ordenó a sus tropas atacar todo el día sin parar. Al fin del día, los israelitas estaban tan cansados que estaban propensos a caer. Pero Saúl juró un juramento tonto: si alguien se detenía para comer antes que la batalla acabara, ese hombre sería maldito.

Jonatán no sabía acerca del juramento, porque estaba peleando en un área remota. Así que tomó un pequeño descanso de la escaramuza. Y al hacerlo, comió un poco de miel de una colmena para refrescarse para la batalla.

Esa noche, los soldados de Saúl ya no soportaban más. Ellos corrieron vorazmente a los botines que ganaron y comenzaron a asar animales para comerlos. Ahora, la ley judía establecía que la sangre tenia que ser drenada del animal antes de poder ser comido. Así que cuando Saúl vio esto, se enfureció. Él reprochó: “Ustedes pueblo no tienen respeto por la ley del Señor." "Vosotros habéis prevaricado… y no pequéis contra Jehová comiendo la carne con la sangre." (14:33).

Saúl se había vuelto un legalista, designándose a sí mismo como el policía de la santidad. Sin duda, los sacerdotes cercanos lo aplaudieron, diciendo: ”Gracias Dios, Saúl está haciendo algo a favor de la santidad.” Pero de hecho, Saúl era el pecador más grande en todo esto. Este hombre fue totalmente desobediente; actuando con una evidente incredulidad. Aun él pudo declarar sin pensarlo dos veces: ”Dios ayude al soldado hambriento que quebrante una jota de la ley comiendo sangre no drenada.”

Aquella noche, Saúl tomó otra decisión tonta: él decidió que su ejército continuara peleando toda la noche. Los sacerdotes protestaron, sin embargo, insistiendo que ellos consultarían al Señor primero. No obstante cuando ellos oraron, Dios no respondió. Ahora Saúl estaba indignado otra vez. Él determinó: ”Dios no está hablando porque alguien ha pecado. ¿Quién es el culpable? Él declaro: ”Vive Jehová… que aunque fuera Jonatán mi hijo, de seguro morirá” (14:39). Esta clase de justicia propia se encuentra en todos los legalistas. Ellos no confían en Dios para que les dé su justicia, entonces ellos tratan de inventar su propia justicia. Y acaban creando un sistema que disminuye su propio pecado pero aumenta las fallas de otros.

Saúl decidió echar suertes para averiguar quién estaba en pecado. La suerte final cayó sobre él mismo y sobre Jonatán. Inmediatamente, Saúl se volvió contra su hijo, diciendo: ”Yo no estoy en pecado. Debes ser tú." Jonatán admitió haber comido la miel pero dijo que no sabía acerca del juramento. Sin embargo, Saúl estaba en una cruzada moral ahora, esforzándose para lucir santo. Si Dios no hubiera intervenido a través de su pueblo, Saúl hubiera matado a su propio hijo – todo para probar su celo santo.

En mi opinión, la incredulidad es la raíz causante de todo legalismo. ¿Cómo? El legalismo rehúsa aceptar las promesas del pacto de Dios – que su Espíritu subyuga nuestros pecados, que nos da poder para obedecer, que poner temor de Dios en nosotros, que nos hace andar rectamente, que nos hace odiar el pecado. Cuando nos apartamos de la verdad del pacto – de Dios, no confiando y esperando en él para hacer el trabajo, nos volvemos legalistas. Construimos nuestro propio juegos de rígidas reglas carentes de poder del Espíritu.


2. Saúl perdió todo discernimiento espiritual.


La incredulidad de Saúl cauterizó su conciencia, haciéndole descuidado con el pecado. Repentinamente, el pecado perdió su “excesiva pecaminosidad” a los ojos de este una vez santo hombre.

Vemos un ejemplo de esto cuando Samuel ordenó aniquilar a los amalecitas. El profeta dio a Saúl instrucciones puntuales de destruir todo lo concerniente a Amalec – sus familias, su ganado, todo. Él no debía perdonar nada ni a nadie.

Sin embargo, cuando la batalla acabó, Saúl había conservado al rey Agag como un trofeo viviente. El también conservó algunos botines – lo mejor del ganado amalecita, ropa y posesiones. Saúl aún tuvo la audacia de levantar un monumento a él mismo, recordando su victoria. Una vez mas, él mostró un evidente descuido hacia la Palabra de Dios.

Cuando Samuel llegó, no podía creer lo que veía. El campo de batalla era como un mercado de pulgas gigante. La gente estaba comerciando con ganado, probándose ropa nueva, asando animales. Sin embargo, lo más asombroso de todo fue que allí en medio de la escena estaba parado el rey Agag.

Samuel se dirigió solemnemente hacia Saúl y le demandó.”¿Qué es ese balido que escucho, Saúl? Saúl respondió con una mentira descarada: "Oh, el pueblo perdonó algo del ganado de manera que pudieran hacer sacrificios a Dios por la gran victoria. Pero he destruido el resto. Yo fui fiel en cumplir el mandamiento del Señor. Qué gran avivamiento vamos a tener.”

Samuel lloró en voz alta. Él preguntó a Saúl: ”¿Por qué pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo antes los ojos de Jehová?” (1 Samuel 15: 19). Saúl respondió: ”Antes bien he obedecido la voz de Jehová, …y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas.” (verso 20).

¿Cómo pudo Saúl estar tan ciego? Él mintió frente a una evidencia clara de que él había desobedecido. Sin embargo trágicamente, Saúl creyó su propia mentira. Él había perdido todo discernimiento.

Algunos cristianos hoy son como Saúl. Ellos son indulgentes en todo tipo concebible de desobediencia, luego van directamente a la iglesia y oran: ”Señor te he dado lo mejor de mí. Aquí -acepta mi sacrificio de alabanza.” Estos creyentes son como la mujer descrita en Proverbios: "El proceder de la mujer adúltera es así: Come, y limpia su boca y dice: No he hecho maldad.” (Proverbios 30:20).

¿Cómo los cristianos caen en tal condición? Esto comienza cuando ellos rehúsan aceptar la justicia de Dios por la fe. Ellos tratan de establecer su propia justicia volviéndose al legalismo y juzgando a otros. Ellos dudan en la fe, no esperando en Dios para dirección – y hacen las cosas a su manera. A través del tiempo, ellos pierden todo discernimiento y sus conciencias son cauterizadas completamente. Finalmente se vuelven orgullosos de su propio pecado.

De acuerdo con la Escritura, aquí es donde la semilla de lo oculto echa raíces. A los ojos de Dios, la desobediencia de no confiar en su palabra iguala a la hechicería. Como dijo Samuel a Saúl en esta escena: "Como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación.” (15:23).


3. Cuando se pierde el discernimiento y se
cauteriza la conciencia, no queda ninguna
defensa contra un espíritu de celos.


“El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.” (1 Samuel 6:14). Ahora, Dios no envió literalmente un espíritu malo sobre Saúl. Él simplemente permitió que ocurriera lo inevitable. Usted ve, cuando una persona es controlada por la incredulidad llega a este punto – se vuelve legalista, pierde el discernimiento y se cauteriza su conciencia – no tiene defensa contra la invasión de espíritus de celos y envidia. Y estos espíritus gemelos aterrorizan a toda alma en la que entran.

Para entonces, Saúl realmente tuvo espasmos demoníacos, delirando y gritando a todos. Sus sirvientes estaban tan aterrorizados que llamaron a David para que tocara su arpa y cantare salmos a Saúl para tratar de calmar su espíritu. Por supuesto, David era un hombre que confiaba en el Señor completamente – y su música ungida trajo paz al alma de Saúl.

El rey estaba tan agradecido que hizo a David su paje de armas. Pero cuando David mostró valentía y habilidad en la batalla, Saúl se volvió locamente celoso de él. El celo vuelve a los creyentes criaturas horribles. Cualquiera que no confía en Dios tampoco confiará en otros. La gente celosa acusa a otros de los pecados más evidentes en ellos mismos. Además, ellos se creen víctimas. Están convencidos de que otros están siempre celosos de ellos, constantemente hablando de ellos, continuamente persiguiéndolos. El celo no es simplemente una fase que la gente pasa – es un espíritu del infierno. Le roba a la gente santa todos sus propósitos celestiales. Y éste causa que ellos se enfoquen en sus propias pequeñas batallas carnales.

¿Se pregunta usted de dónde le vino este espíritu de celos a usted? Yo le urjo a usted que mire hacia atrás, a sus tiempos de prueba, y se pregunte a sí mismo como reaccionó. ¿Usted se propuso confiar en Dios, no importando nada? ¿O abrigó el pensamiento de que Dios no se presentó a tiempo para usted?

Considere el trágico final del alma incrédula de Saúl. Su última consulta antes de pasar a la eternidad fue con una bruja. Escuche sus últimas tristes palabras. ”Dios se ha apartado de mí, y no me responde más.” (28:15).

Sin embargo, hay buenas nuevas para cada creyente en esta era del Nuevo Pacto. Cristo pagó por el castigo de nuestra rebelión. (Por supuesto, la misericordia y el perdón de Dios estaban disponibles para Saúl. Pero su corazón se mantuvo obstinado – un corazón obstinado nunca desea misericordia).

Jesús vino para romper el conjuro de la brujería de la incredulidad – para romper nuestras cadenas de legalismos y librarnos de las ataduras de los celos. Pero primero debemos admitir nuestros pecados. Tenemos que confesar nuestra incredulidad – luego entregar nuestro futuro, libertad y liberación totalmente al cuidado de Jesús. Él llegará a tiempo. Nuestra parte es no hacer nada- sólo confiar en él.

Tenemos que darnos cuenta de que estamos siendo probados. Y Dios nos asegura que todo aquel que tiene fe y cree en él, no importa que tan desesperanzadora luzca la situación, será honrado. ”Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.” (1 Pedro 1:7)

Por David Wilkerson.

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