«El que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios» (Juan 3:3).
En la vida de cada día se entretienen más nuestros pensamientos con los objetos más necesarios para nuestra existencia. En los tiempos de escasez nadie se ha quejado porque en los labios de los hombres muy frecuentemente estaba el asunto del precio del pan, porque se reconocía que éste era asunto de importancia vital para la masa del pueblo, y por lo mismo, no se quejaban los que oían continuos discursos declamatorios, y leían artículos sin fin, referentes a la escasez, publicados en los periódicos.
Alexander Guerrero
LA RESPONSABILIDAD HUMANA
«Sí no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; mas ahora no tienen excusa de su pecado» (Juan 15:22)
El pecado característico de los judíos, el pecado qué agravó principalmente sus antiguas iniquidades, fue el rechazamiento de Jesucristo como Mesías. Él había sido claramente descrito en los libros de los profetas, y aquellos que lo esperaban, tales como Simeón y Ana, tan pronto como lo contemplaron, aún en su condición de niño, se regocijaron de verle, y entendieron que Dios había enviado su salvación.
LA SERPIENTE DE METAL
«Y Moisés hizo una serpiente de metal, y púsola sobre la bandera (palo) y fue que cuando una serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de metal y vivía.» (Números 21:9). Léanse Números 21:4-9 y Juan 3:1-18.
INTRODUCCIÓN: Los tipos de Cristo en el A.T. La Serpiente de Metal. Leyendo el Evangelio de Juan encontraréis que comienza haciendo referencia a ciertos tipos de las Escrituras. De la creación es lo primero que nos hace recordar; pues Dios había dicho en el principio: «sea la luz», y Juan declara primeramente que Jesús, el Verbo eterno, es la verdadera luz que alumbra al mundo.
LA SOBERANÍA DIVINA
¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? (Mateo 20:15).
El padre de familia dice: «¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío?» Y esta mañana, el Dios de cielos y tierra os hace la misma pregunta: «¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío?» No hay un atributo de Dios más consolador para sus hijos que la doctrina de la soberanía divina. Bajo las más adversas circunstancias, en los más graves contratiempos, ellos creen que esa soberanía ha ordenado sus aflicciones, que las gobierna y que las santifica.
La Vigilancia que de sí Mismo Debe Tener el Ministro
«Ten cuidado de ti mismo y de tu doctrina.» 1 Ti.4: 16.
Todo obrero sabe cuán necesario le es conservar su herramienta en buen estado, porque «si los instrumentos se embotasen y no los amolase, tendría que emplear más fuerzas.» Si al obrero se le gastara el filo de su azuela, sabe que se vería obligado a redoblar su esfuerzo, so pena de que su obra saldría mal ejecutada. Miguel Ángel, el predilecto de las bellas artes, comprendía tan bien el importante papel que desempeñaban los útiles que usaba, que hacia con sus propias manos sus brochas y pinceles, ejemplificándonos de ese modo al Dios de la Gracia que con especial cuidado se adapta a sí a todo ministro verdadero.
LA VOZ DE LA SANGRE DE CRISTO
«Mas os habéis llegado… a Jesús el Mediador del Nuevo Testamento, y a la sangre del esparcimiento que habla mejor que la de Abel. Mirad que no desechéis al que habla» (Heb. 12:24, 25).
¿Qué es «la sangre del esparcimiento»? En breves palabras, esta sangre es la representativa de la pasión, de las penas, los sufrimientos, la humillación y la muerte de nuestro Señor Jesucristo, que padeció en provecho de la humanidad culpable. Acordémonos de que su pasión y muerte no fueron cosas aparentes sólo, sino reales y positivas, y eran penas y agonías que llegaron a un punto incalculable.
LOS DOS EFECTOS DEL EVANGELIO
«Porque para Dios somos buen olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a estos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquellos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?» (II Corintios 2:15,16).
Éstas son palabras de Pablo hablando en su propio nombre y en el de sus hermanos los apóstoles, y pueden aplicarse a todos los que son elegidos por el Espíritu, calificados y enviados a la viña para predicar el Evangelio de Dios.
LUZ. FUEGO. FE. VIDA. AMOR.
Nunca he necesitado más ayuda que ahora, y nunca me sentí tan absolutamente inadecuado para dar la pauta a la Conferencia. A medida que aumentáis en número, en dones, y en experiencia, me doy cuenta cada vez más de lo poco digno que soy de estar en lugar destacado y de dirigir vuestras filas. Sin embargo, confiaré en Dios y creeré que, por su Santo Espíritu, Él enviará palabras de aliento.
MIRANDO A JESÚS
«A él miraron, y fueron alumbrados; y sus rostros no se avergonzaron»
INTRODUCCIÓN
Teniendo en cuenta el enlace que hay entre mi texto y el versículo precedente, se ve claramente que las palabras: «A El miraron», se refieren al Señor. «Miraron a Jehová, al Eterno, y fueron iluminados»: tal es la declaración del Salmista. No obstante, me atrevo a afirmar que nunca se ha podido mirar a Jehová sin ser turbado. Sin Jesucristo, la nación de Dios no podría procurar al corazón angustiado el menor consuelo.
Modo de Espiritualizar
Por Charles H. Spurgeon
Muchos que escriben sobre la Homilética, condenan en términos severos, aun el que accidentalmente se espiritualice un texto. Dice Adam Clarke: «La predicación alegórica vicia el gusto y encadena el entendimiento tanto del predicador como de los oyentes.» La regla de Wesley es mejor: «Haced uso raras veces de la espiritualización, y alegorizad muy poco.» «Escoged textos,» dicen estos maestros, «de cuyo sentido claro y literal podáis tratar; nunca os permitáis hacer uso de otro significado que no sea el más obvio de un pasaje; nunca os permitáis acomodaros o adaptaros un texto: esto es un artificio propio de los hombres poco instruidos; una treta de los charlatanes; una manifestación miserable de mal gusto y de imprudencia.