Por Fernando Alexis Jimenez.
La queja vino de los vecinos. No soportaban un día más los malos tratos del hombre hacia su esposa y sus hijos. Vociferaba, tiraba objetos de la casa y en varias ocasiones salió a la calle dando un tremendo portazo. Pero inmediatamente cruzaba el umbral, era como si experimentara una transformación. Sonreía a quienes le miraban y salía rumbo al parqueadero de autobuses como si nada hubiese ocurrido.